Todos soñamos con el éxito, de hecho una muy buena parte de nuestro logro evolutivo estriba en esa conciencia de querer ser mejores y superarnos. Nadie de quien nos lee me puede decir que si tuviera la oportunidad de cambiar de auto, de contar con mejor tecnología en sus equipos de producción o tener personal más comprometido con la empresa lo rechazaría. Todos queremos mejorar, todos buscamos reconocimiento por nuestro esfuerzo. Todos queremos ser exitosos.
¿Algún lector conoce a algún empresario exitoso que no ame lo que hace? ¿Algún lector conoce no a un empresario sino a un ejecutivo de empresa en un buen nivel que no ame su trabajo? ¿Un buen carpintero que no hable de la madera de tal forma que le imprima características de divinidad? En todas las oportunidades que he tenido de conversar con empresarios que admiramos en Puebla no he conocido uno que no hable con tal vehemencia de su empresa que no me hayan dado ganas de tener un negocio igual al suyo. El éxito es resultado del amor que se imprime a la empresa, de la pasión con que los empresarios se entregan a su proyecto y a la realización de sus ideales de negocio. ¿Cuáles son nuestros mejores proyectos? Aquellos a los que les imprimimos pasión, por los que nos desvelamos, los que inspiran nuestro talento. Si alguno de nuestros lectores es candidato a empresario que no está dispuesto a hipotecar sus viviendas, a vender sus carros, a meterle a sus tarjetas de crédito la nómina, a desvelarse, a pensar en su empresa y en su visión de negocio a cada momento o empresarios que han perdido el amor por sus negocios – porque como dijo José José, el amor acaba - difícilmente alcanzaremos el éxito que esperamos. Son quienes sueñan y aman su trabajo los que llegan a la cima.
Uno de los paradigmas que tenemos en el medio empresarial y en general en el mundo de los negocios es que si a los Posada les va bien con los terrenos a nosotros nos tiene que ir bien, y que si los Mastretta la hacen fabricando equipos también nosotros podemos, vaya cualquiera puede poner un restaurante como Pedro Ocejo e hincharse de billetes, un bar en la Juárez para la raza o en el peor de los casos le entramos de Consultores de Empresas al fin y al cabo cobran una lana. La verdad es que Edison (el compadre que inventó entre cientos de cosas el foco) se refería a sus éxitos diciendo que el 95% de ellos se logra a través de la consistencia de esfuerzo y sólo el 5% gracias al talento. En términos coloquiales y de acuerdo al saber popular… tanto va el cántaro al agua hasta que se rompe. No hay empresa fácil, no hay empresa sin riesgo. No hay éxito que no requiera repetir, repetir y repetir. La mayoría de los empresarios exitosos ha tenido al menos tres descalabros importantes en su trayectoria profesional. Vaya algunos de quienes nos han acompañado en esta sección del Arte de los Negocios, podrían contarnos sus experiencias con otros negocios que no han tenido el éxito que esperaban. Walter Junghanns, Domingo Minutti, Amy Camacho nos pueden contar de las veces que han regado el tepache o que sus empresas no han funcionado, pero sin embargo su éxito estriba en la consistencia de esfuerzo.
Los humanos nunca estamos contentos. Te subieron de puesto de jefe a gerente ya quieres ser director, te compraste un golf ahora quieres un passat, terminaste la licenciatura quieres seguir con una maestría. Seremos exitosos en la medida en que retemos nuestras habilidades, capacidades, conocimientos y destrezas. Seremos exitosos en la medida en que continuemos con el esfuerzo de mejorar los resultados, de disminuir los costos, de ampliar los mercados, de incrementar la rentabilidad, de diseñar nuevos productos. Lo que ayer consideramos un éxito hoy no lo es, lo que consideremos mañana no lo será el siguiente lunes. El éxito es efímero cuando se carece de nuevas metas y de nuevos retos. El éxito se construye todos los días yendo más allá que el día anterior.
Desde el punto de vista empresarial, y de acuerdo a un estudio realizado en 2003 por Franklin Covey (el autor del libro de los 7 hábitos de la gente altamente efectiva) y Harris Interactive, sólo uno de cada 7 trabajadores (14%) puede identificar las tres metas organizacionales más importantes de su empresa. Menos del 30% conoce claramente cuáles son sus metas personales y poco más del 33% de ellos las tienen por escrito o como parte de sus contratos de trabajo. ¿Dónde repercute este simple hecho de no conocer cuáles son las metas de la empresa? En la productividad de nuestra organización, menos del 50% del tiempo – según Covey - lo dedicamos a realizar actividades que contribuyan al logro de las metas de la empresa, el otro 50% se pierde en actividades que aportan poco o nulo valor al logro de las metas en la organización. Así que como en mi caso – y seguramente en el caso de muchos de quienes nos leen - si sentimos que la productividad de nuestra empresa y el esfuerzo que se realiza no es suficiente, uno de los factores que influye en el éxito es la búsqueda común de las metas de la organización. ¿Te acuerdas de las matemáticas vectoriales? ¿Si te tocaron matemáticas vectoriales en la escuela no? ¿Cuando en la organización cada uno hace su mejor esfuerzo pero jalan para su lado que sucede? ¡El resultado de la suma de los vectores se anula! Así que para poder tener éxito hay que compartir las metas esperadas.
La cuestión es, ¿que nos impide lograr el éxito o en el peor de los casos estar en camino de lograrlo? Yo quiero ser exitoso, todos queremos ser exitosos ¿Amamos lo que hacemos? ¿Intentamos una y otra y otra vez hasta que logramos lo que queremos? ¿Buscamos siempre ir más allá cada vez? ¿Compartimos las metas esperadas con nuestros equipos? Si contestamos afirmativamente a estas interrogantes y consideramos que no hemos logrado el éxito seguramente vamos por buen camino, si no, es momento de rectificar el rumbo que llevamos en este momento.
Dos frases al respecto:
“El éxito es aprender a ir de fracaso en fracaso sin desesperarse” Churchill.
“Las personas no son recordadas por el número de veces que fracasan, sino por el número de veces que tienen éxito” Edison.
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Deca Nasser, nace en el año 2000 a través de una relación de amistad y confianza de dos profesionistas emprendedores que tuvieron la visión de formar un grupo multidisciplinario y versátil para poder ofrecer a los clientes la mejor atención integral, fiscal, contable, administrativa y legal. Deca Nasser participa en el impulso de pequeños y grandes negocios, por medio de un servicio innovador y generador de alternativas empresariales.
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