Cuando se piensa en equipos, se generan imágenes mentales de personas en perfecta sincronía realizando actividades similares si no idénticas. En los negocios
¿cuánta gente no quisiera que sus colaboradores trabajaran como relojito, que existiera una perfecta sincronía, que la comunicación fluyera como río cristalino, que el bien común prevaleciera sobre el beneficio propio, que todo fuera armonía y coordinación? Pero cuál es la realidad que aqueja a la mayoría de las empresas en México: Los de ventas no le comunicaron a tiempo ni todos los requisitos negociados al personal de producción, dentro del personal de producción los del primer turno tienen pique con los del segundo y además mantenimiento no cumple los programas preventivos a los que se compromete, las asistentes tienen sus grupitos de poder y las de arriba son las fresas y las de abajo las nacas, el asunto se complica cuando además hay sucursales foráneas o varias plantas, la planta de Chachapa parece que está contra la planta de Tehuacan. Es un verdadero caos, se siente, y a veces con tino, que no hay trabajo en equipo y que se necesita estar integrado en uno.
Organizar equipos en círculos de calidad, equipos de alto rendimiento, equipos naturales o equipos de choque es una de las fórmulas mágicas que se buscan repetidamente pero que no han dado los resultados que muchos empresarios y ejecutivos esperan. Quizá una de las razones está en que existe el paradigma de que sólo hay un tipo de equipo y es el que se intenta crear en las empresas. Sin embargo hay diferentes tipos, al menos tres, y todos funcionan bien en determinadas circunstancias.
En el equipo de fútbol cada integrante tiene también posiciones claras, pero salvo la posición del portero, las posiciones no son fijas. Los delanteros bajan a defender, los volantes se incorporan al ataque y hasta los porteros se avientan sus tiros libres, o como Campos juegan de vez en cuando en la delantera. Los equipos de fútbol ya nos suenan más a nuestro concepto de equipos que uno de béisbol. Los equipos de fútbol le imponen a todos los jugadores reglas más estrictas de actuación que uno de béisbol, el entrenador tiene una estrategia definida 4, 4, 3, líneas de acción que todos deben seguir.
Cada jugador tiene que acomodarse más que a una posición a una necesidad de su compañero. Si su compañero en el tenis tiene un revés muy malo se debe cubrir esa debilidad en beneficio del equipo y permitir además que desarrolle las habilidades que tiene a favor, amén de que en cada punto tenga que acomodarse de forma diferente según cambie el juego.
En las empresas es importante identificar cómo se forman estos equipos o cuándo promover su formación pero también en qué momento desaparecerlos. Trabajar en equipo orquesta permite por ejemplo evaluar claramente el desempeño individual de cada participante del equipo, se puede responsabilizar a cada uno, se pueden tener metas claras y específicas. Claro que requiere de una práctica intensa pero cada miembro del equipo puede desarrollarse al máximo y juntar “estrellas” en el equipo. Sin embargo es poco flexible lo cual contrasta con el equipo de fútbol.
Hace un par de meses trabajando en un proyecto en Africam Safari, suena de repente una sirena de alarma y por los radios se escuchaba la frase 99 rojo, 99 rojo. Antes de que terminara la segunda vez la mitad de la sala de juntas se vació, había personal de ventas, zootecnia, administrativos todos saliendo disparados como tapón de sidra. El 99 rojo se genera cuando hay un escape de un animal, un oso se había pasado al área de los leones y estos ya se estaban preparando para la cena. Se juntó el equipo de respuesta a emergencias, cada uno con una función muy específica y una vez terminado el asunto se integraron a sus áreas y a los que les tocaba a la junta. Un ejemplo de un equipo orquesta. ¿Recuerdan el temblor del 85? Los equipos de rescate se movilizaron más cercanos a equipos de jazz, cada persona trataba de cubrir las debilidades de los demás buscando siempre el bien común.
La tendencia en las empresas va hacia promover las multihabilidades en las personas, lo cual permite que la flexibilidad de los equipos sea mayor, como en el equipo de tenis, ambos sacan, suben a la red, rematan, no hay quien siempre saque o quien siempre esté adelante en la red. Sin embargo esto no significa que integrar equipos así siempre ofrezca los mejores resultados, depende de la situación y las circunstancias particulares. Los equipos son herramientas y como tales cada uno tiene sus propios fines, sus propias características, sus propias limitaciones. El trabajo en equipo no es bueno ni es deseable, es un “hecho”… donde quiera que dos o más personas trabajen juntas se forma un equipo.
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