El estrés está de moda, quizá junto con la depresión son dos condiciones en nuestro organismo que vienen aparejadas junto con la revolución tecnológica. El estrés es definido, dicen los que saben, como la condición dinámica en la cual se produce una reacción fisiológica, psicológica y de comportamiento en el organismo al enfrentar un evento que es percibido como una restricción, demanda u oportunidad y cuyo resultado es percibido como incierto pero importante para nosotros. En español, cualquier evento que nos pone en tensión. Por ende, es parte inevitable de nuestra vida y no es malo en sí mismo.
Con está definición tan rimbombante digna de la Real Academia de la Lengua Española podemos afirmar que nos estresamos todos los días: se estresan quienes hoy van a ser padres por primera vez, también los que se casan este sábado, se estresan quienes en una mañana tienen que dejar a la niña en la escuela, ir a la tintorería, al supermercado, luego a una reunión de negocios y a la 1 recoger a la niña en el colegio, como las supermujeres de hoy a quienes admiramos pero a las que poco reconocemos. Podemos decir también que el paradigma es que empresario que no viva estresado, empresario que no lo es.
En el mercado cambiante y competitivo en el que nos desenvolvemos, donde tanto como organizaciones y como individuos debemos desarrollar y mantener una alta flexibilidad y capacidad de aprendizaje que nos permita una adaptación continua al entorno, el estrés es un mal que ha tomado fuerza en los últimos años.
La tensión de los empresarios es un problema cada vez más generalizado en nuestras organizaciones, causando malestar, insatisfacción y descenso en la productividad de las mismas. El estrés está estrechamente relacionado con la insatisfacción, la adquisición de malos hábitos alimenticios, así como con la ansiedad y nerviosismo.
Es cierto que algo de tensión es necesaria y vigorizante, sobretodo porque representa una ganancia potencial, ya que nos mantiene alerta, agudizando nuestros sentidos y atención, y preparándonos para una respuesta rápida. Sin embargo, el estar expuestos a la tensión, la incertidumbre alta y prolongada, puede ocasionar un marcado descenso en nuestra productividad y desempeño acompañado de un desgaste físico y emocional.
Quizá el alto nivel de competencia al que nos enfrentamos, la búsqueda de poseer, ser y dominar nos obligue a muchos empresarios a vivir jornadas largas de trabajo, a momentos de incertidumbre constantes y prolongados, entre las rayas, el pedido que no llega, el colaborador que falta, el pago que no aparece depositado en la cuenta del banco. Sin embargo hay que considerar que no generamos estrés únicamente en la empresa, los factores del ambiente y nuestra propia dinámica personal también contribuyen a echarle leña al fuego. Les voy a dar una receta, tomen una cacerola y coloque a una persona cuyo único ejercicio es correr a contestar el teléfono, échele un embargo precautorio del IMSS, agréguele que estuvo atorado en el embotellamiento de la Prolongación Reforma y llegó tarde al trabajo, condiméntelo con la noticia de que no es el elegido para sustituir a su jefe y añádale las calificaciones del semestre de su hijo en la escuela, póngalo a fuego intenso por 20 días y tendrá un delicioso y suculento infarto.
Hay que considerar que el estrés es acumulativo y que el colapso se da cuando el vaso se derrama, con el colapso no me refiero propiamente al infarto que menciono, me refiero al temple que se agota en el momento preciso en que requiere cerrar el trato con el cliente. Al azotón de puerta que le damos en la nariz a la supermujer de la que hablamos al principio simplemente porque no tuvo el tiempo de almidonar el cuello de la camisa que queríamos o a la mentada que le damos a no se quien porque no avanza en el semáforo que ha cambiado a verde hace 2 microcentésimas de segundo.
Nuestro estrés acaba por influir no sólo en nosotros mismos sino también en quienes nos rodean, en nuestros colaboradores, en nuestros clientes, en nuestras familias, en el largo plazo acaba por desencadenar repercusiones visibles en nuestra condición física, merma nuestro rendimiento y modifica para mal nuestra conducta. ¿Y que hacemos? La receta ya la sabemos: ejercicio, alimentación adecuada, jornadas adecuadas de sueño. Claro que son factores fundamentales, pero al interior de la organización también es importante trabajar, porque finalmente desde el punto de vista del empresario es una de las fuentes más importantes de estrés.
1. Contrate gente competente, que complemente sus habilidades y que sea capaz de resolver los problemas… de otra forma como siempre tendrá que hacerla de Superman. Que la gente competente es cara, efectivamente. Que encontrar talento y formarlo lleva el riesgo de que se vaya y tenga que empezar de nuevo, efectivamente. Que delegar implica el riesgo de que se equivoquen y no hagan las cosas como yo que soy el papas fritas, seguro que sí, pero distribuya el peso de una casa entre varios pilares sólidos y la carga será menos pesada aunque haya un muro de carga principal. Divida su estrés y aumente la responsabilidad de su personal.
2. Comunique los resultados del negocio cuando las cosas no vayan como esperaba… Me acordé del chiste del judío que lleva días sin dormir, no hablaba, no comía, cuando su esposa le pregunta: ¿Qué te pasa Abraham? Es que se vence la letra de lo que le debo a Jalil y no tengo como pagarla. Ella le contesta: no te preocupes yo lo arreglo. Toma el teléfono le marca a Jalil y le dice: Soy la esposa de Abraham y quiero decirte que no te vamos a pagar la letra. ¿Qué hiciste mujer? Nada, ahora el que no va a poder dormir es él. ¿Las cosas están tan negras que no puede dormir? Comuníquelo y los que no van a dormir serán los otros. Recuerde que un poco de estrés los mantendrá en alerta.
3. Enfóquese en solucionar los problemas cuando son pequeños, antes de que se conviertan en bolas de nieve que le generen tensión. Si no pagó los impuestos un mes, la cobranza se le está empezando a colgar, los gastos del teléfono están subiendo demasiado, atiéndalos antes de que se conviertan en Dolores, ahora sí literalmente.
¿Qué si sirven las tres recomendaciones? Seguro que sirven, no me cree, llame a mi oficina y pregunte si son competentes, si no pueden dormir porque esta quincena no van a cobrar y si estamos enfocados a resolver los problemas antes de que nos arrastren. En esta ocasión voy a recomendar un libro maravilloso pero sólo para quienes tienen por ahí de 35 años y se encuentran al borde del colapso. La dinámica para leerlo es más importante que el libro. Llegue a su casa a las 7, métase a bañar, póngase una pijama calientita, prepare un chocolatito caliente. Ayude a ponerle la pijama a sus hijos, invítelos a la cama y asegure que se sienten entre usted y su esposa. Tome el libro que se le de la gana y léalo en voz alta imitando los sonidos y cambiando las voces. En 15 minutos le garantizo que habrá disminuido su estrés, el mal humor y el agotamiento en varios puntos.
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Deca Nasser, nace en el año 2000 a través de una relación de amistad y confianza de dos profesionistas emprendedores que tuvieron la visión de formar un grupo multidisciplinario y versátil para poder ofrecer a los clientes la mejor atención integral, fiscal, contable, administrativa y legal. Deca Nasser participa en el impulso de pequeños y grandes negocios, por medio de un servicio innovador y generador de alternativas empresariales.
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