Hace un par de semanas el Doctor Ramón Beltrán, célebre por su sección “Jarabe de Pico”, me recomendó que leyera un libro que le había parecido muy bueno y que ciertamente no es ninguna novedad en el mercado pues tiene unos 10 años, de hecho es de 1993. El libro se titula “Si no está roto, rómpalo” de Robert Kriegel y Louis Patler. Creo que esa misma semana lo compré junto con el Código Da Vinci que le regalé a mi esposa y que terminé leyendo yo y prestándolo antes de que ella pudiera pasar de los agradecimientos.
No he terminado todavía de leer “si no está roto rómpalo”, voy en el capítulo 12 pero creo que vale la pena hacer algunos comentarios sobre las reflexiones que contiene y que tienen mucha relación con nuestro entorno empresarial.
Jack Welch entonces presidente de GE decía que la velocidad de los negocios de los 80 sería un picnic contra los 90. Pues los 90 son un remanso de paz contra la forma de hacer negocios en el 2004. En los negocios como en la playa las corrientes se mueven y generan olas impresionantes. Un buen surfista acepta las olas, se monta en ellas, las disfruta y las domina. Como empresarios tenemos que aceptar que las mareas nos mueven, que debemos buscar ir hasta el límite y siempre esperar la ola que viene detrás de la que estamos cabalgando. Además quienes nos atrevamos a enfrentar las corrientes de los negocios tenemos que estar dispuestos a aceptar varios revolcones en el camino.
¿Alguien le va a los pumas? Yo que soy albañil le voy al Cruz Azul. Hugo Sánchez quizá no sea el mayor talento que ha dado este país en el futbol, pero como profesional siempre puso el corazón en lo que hacía. Se quedaba más tiempo a entrenar y por ello logró 5 pichichis. Lo mismo sucede en las empresas, la pasión hace que se logren resultados extraordinarios. Según Kriegel en una encuesta que realizó a más de 500 personas exitosas lo único que encontró común en todos fue la energía, el entusiasmo y el deseo… la pasión para hacer las cosas.
A quien no le ha pasado en cualquier empresa o negocio que cuando considera que ha propuesto una idea fantástica llega esta maravillosa frase de “si pero”. Con esto matamos toda esperanza de lograr un cambio. Vamos a exportar – si pero no conocemos el mercado / Hay que sacar una revista – si pero no tenemos recursos / Hay que comprar una máquina – si pero no somos sujetos de crédito. Los sí pero matan las ideas, las aniquilan y es aquí cuando tenemos que retomar los dos puntos anteriores: aceptar que tenemos que cambiar permanentemente y que hay que inyectar esa pasión para dejar atrás los sí pero que habremos de encontrarnos en el camino.
O como el viejo y conocido refrán, momento que soy lento. Es cierto que vivimos en un mundo vertiginoso y este concepto me pareció muy interesante y quizá porque tiene mucho que ver conmigo en lo particular. Los tengo de cada día: Tengo que ir al radio, luego tengo que ir a una reunión, luego tengo una cita a las 9:30, tengo que y tengo que y todo el día es tengo que. Que ha pasado, que conforme los tengo qué se adueñan de nuestra vida: nos esforzamos más pero logramos mucho menos, siempre estamos retrasados, somos más irritable con quien nos rodea, cada vez estamos menos tiempo con la familia, nos duele la espalda, la cabeza y el estómago, no nos podemos relajar ni durmiendo 14 horas, no te divierte nada, se te olvidan los cumpleaños o no les tomas importancia. Tenemos la enfermedad de la prisa como el conejo de Alicia en el país de las maravillas. Se le hace tarde y no sabe a dónde tiene que ir, pero se le hizo tarde. Irónicamente los estudios demuestran que somos menos eficientes cuando hacemos las cosas rápido. ¿Dónde se genera el problema en la empresa independientemente del aspecto personal? En la comunicación. Escuchar es la clave de la comunicación para vender, para trabajar en equipo, para dirigir. ¿Pero cómo vamos a malgastar el tiempo escuchando cuando tenemos tantos que por hacer?
Cuando las cosas se ponen difíciles tendemos a buscar la seguridad y retraernos, juegas a lo seguro, te frenas, pero ese freno limita nuestra actuación, nos hace actuar temerosos, te enfocas en no perder. Si las ventas bajan recortas gastos, incluyendo capital humano para no perder utilidades. Cuando jugamos a no perder buscamos datos, datos y más datos para asegurarnos de tomar la decisión correcta. Lee Iacoca decía que cuando tienes el 75% de la información que necesitas el 15% está obsoleto así que no necesitamos todos los elementos para tomar una decisión suficientemente bien dirigida. Quizá nuestra formación educativa y profesional nos limita a muchos en la toma de decisiones. Cuando la situación en la empresa se complica ¡que nadie se mueva! Y realmente nadie se mueve cero investigación y desarrollo, nada de formación para el personal, ninguna inversión nueva. Un ejemplo: si vas al Filobobos y tienes miedo del río navega en lo bajito, seguramente si te caes, de rodillas podrías estar fuera del agua pero nunca tendrás la oportunidad de disfrutar una bajada sensacional por el río. Hay que enfrentar las situaciones del negocio con mentalidad ganadora.
Cuando juego dominó de vez en cuando con mis cuates, si no tengo que hacer algo más importante, la frase es si está funcionando no lo arregles. Algo así como si vas ganando tú sigue saliendo. Pero como dice John Young entonces presidente de HP: “Nos hemos vuelto víctimas de nuestro propio éxito”. Cuando te conviertes en una empresa exitosa o en un ejecutivo reconocido bajas la guardia y das por sentado el éxito, dejas de innovar, dejas de buscar algo mejor y te duermes en tus laureles. Los productos terminados no existen, todo lo que nos rodea esta en cambio continuo. Ahora retomando las olimpiadas nuevamente decían que cuando los clavadistas mexicanos están dominando los clavados de hace 4 años los chinos están creando nuevos saltos y de mayor grado de dificultad. Aquí entra muy bien la filosofía japonesa de Kaizen y la mejora continua, aceptando que siempre hay una forma mejor de hacer el trabajo aunque quizá hoy por hoy seamos la mejor referencia, la mejor empresa o el empresario más admirado. De esto me gustó en particular una reflexión que hace un escritor cuando le preguntan que cuál de sus treinta y cinco libros era el favorito y contesta… el próximo. Así que justamente cuando creemos que no hay que cambiar porque todo está funcionando de maravilla es el momento oportuno en que debemos hacerlo.
Quizá tengo muy presente estos comentarios porque conforme leía algunos de los capítulos sentía el “toing”, “toing” de cuanto te está lloviendo directo a ti.
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Deca Nasser, nace en el año 2000 a través de una relación de amistad y confianza de dos profesionistas emprendedores que tuvieron la visión de formar un grupo multidisciplinario y versátil para poder ofrecer a los clientes la mejor atención integral, fiscal, contable, administrativa y legal. Deca Nasser participa en el impulso de pequeños y grandes negocios, por medio de un servicio innovador y generador de alternativas empresariales.
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