¿Recuerdas que en la preparatoria, me imagino que actualmente se sigue haciendo, te realizaban unos test para ver en qué áreas podías desarrollarte y en dónde tenías mejor potencial? Estos estudios pretendían empezar a descubrir tímidamente nuestra futura carrera en la universidad. En lo particular no recuerdo cómo salieron mis estudios, de hecho creo que jamás les hice caso y la realidad es que terminé estudiando Ingeniería Química, una profesión que como tal jamás he ejercido con excepción de la cocina. Para quienes estudien Ingeniería Química prácticamente todos los procesos y temas relacionados existen en una cocina. Agitadores, transferencia de calor, diseño de reactores. Todo existe en licuadoras, hornos o en la elaboración de unos sofisticados huevos con jamón. Aunque eso lo van a aprender 15 años después de que hayan salido.
Hace como un año y medio, 10 años después de ejercer profesionalmente y unos 15 desde la universidad, en algún taller que tomé referente a la función social de los empresarios, tuve la oportunidad de reflexionar sobre la vocación y en particular sobre la mía. Una especie de introspección hacia el sentido de lo que estaba haciendo y de lo que quería lograr en el futuro. Una pregunta que quizá todos nos realizamos en varios momentos de la vida pero que muy pocos nos atrevemos a responder por temor a descubrir que llevamos años haciendo actividades que no van con nuestra realización personal. ¿Cómo entiendes la palabra vocación? En mi contexto particular la palabra vocación generalmente significó un llamado más hacia la vida como un sacerdote o una monja, o como un religioso o misionero. Incluso en el mismo Diccionario aparece en primer lugar la definición hacia una inspiración con que Dios llama a algún estado, especialmente al de religión.
De ahí que la pregunta rondara alrededor de ¿cuál es mi vocación? ¿Cómo los conceptos de empresario y vocación se juntan y logran sentido? ¿Finalmente como integrar la vocación como individuo dentro del contexto familiar y social en el cual participamos? Resulta que la pregunta es fácil pero la respuesta es una incógnita. Todos los empresarios creemos fuertemente en nuestras ideas, como para aceptar el hecho que estas ideas implican un llamado, un llamado que surge tan fuerte como para llegar hasta el punto de arriesgar todo con tal de que suceda. Más de uno habrá pasado por la decisión incomprendida de “me juego el resto”, “si sale”, “le tengo fe”, “esto es lo mío”, y otras frases afines. En ese llamado radica nuestra vocación.
Ciertamente no todos tenemos vocación empresarial, como no todos tenemos una inspiración particular al sacerdocio o a la enseñanza, por ejemplo. Muchos también en el camino estamos enfrascados en el día a día, trabajando porque tenemos que hacerlo, pero sin encontrar esa vocación que realmente satisface el espíritu y que contagia a nuestros colaboradores. Si pudiéramos hacer una encuesta y preguntar ¿cuántos de quienes nos leen pueden responder que lo que hoy están haciendo, es precisamente para lo que Dios los envió a este mundo? Partiendo de que hay un Dios y todo ese tema alrededor que puede resultar luego medio escabroso. No es un tema de religión, es un tema de vocación. Creo que la respuesta sería muy baja. ¿Cuántas mujeres amas de casa estarían convencidas de que su vocación está ligada a la educación y formación de un núcleo familiar? Muchas y cada vez más encuentran su vocación fuera de esto. ¿Cuántos de los colaboradores de las grandes empresas, de las pequeñas o de las micro pueden afirmar que están dando cumplimiento a su vocación a través de sus trabajos profesionales? Muy pocos, la corriente nos arrastra y aunque llegamos a tener la certeza como para decir, “esto no es lo mío”, el miedo al cambio, la incertidumbre, el confort, la pereza y la inseguridad entre muchas otras cosas nos obliga a pasar por la vida sin sentir nuestro llamado y cumplir nuestra verdadera vocación en la vida.
Responda a este grupo de preguntas
¿Me gusta ser independiente, tomar mis propias decisiones, tengo problemas con seguir las líneas establecidas y prefiero seguir mi propio rumbo? – Esto le ayudará a definir su independencia.
¿Estoy dispuesto a no tener seguro social, a renunciar a mi aguinaldo, a la seguridad de un sueldo seguro, acepto que puedo perder mi patrimonio en esta aventura? – Con esto medirá su capacidad para asumir riesgos.
¿Realmente considero que dar empleo, fortalecer a la sociedad, identificar capital intelectual, compartir utilidades es parte de mi función social? – Así mediremos su espíritu hacia el beneficio colectivo.
¿Veo negocios en donde los otros no lo han visto, se me han ocurrido ideas que luego de un tiempo veo puestas en práctica, identifico en dónde mejorar un producto o servicio que me gusta, cuando comparto mis ideas de negocio entusiasmo hasta mi abuelita? – De esta forma medirá su olfato para identificar oportunidades.
¿Soy tenaz, soy persistente, soy casi necio y obsesivo con lo que quiero, puedo esperar 2 horas a una persona sin cambiar de color del rojo al negro al azul y de regreso, tengo empuje? – Aquí radica su capacidad de logro y realización.
Si tuvo cinco aciertos búsquele por ahí, puede que tenga un asomo hacia una vocación empresarial. Si de plano sólo logró vagamente uno es muy posible que su vocación no sea la de un nuevo Bill Gates. No se preocupe, el mundo también necesita Madres Teresas, Roberts de Niro, Maries Curie y Michaeles Schumahers. Sólo hay que encontrar nuestra verdadera vocación. Hay que atrevernos a encontrarla y disfrutar el camino construyendo sobre ella.
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Deca Nasser, nace en el año 2000 a través de una relación de amistad y confianza de dos profesionistas emprendedores que tuvieron la visión de formar un grupo multidisciplinario y versátil para poder ofrecer a los clientes la mejor atención integral, fiscal, contable, administrativa y legal. Deca Nasser participa en el impulso de pequeños y grandes negocios, por medio de un servicio innovador y generador de alternativas empresariales.
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